Campo Santo de Armero



El Campo Santo de Armero, en el norte del Tolima, es uno de los lugares más importantes para comprender la historia reciente de Colombia. El antiguo municipio quedó destruido el 13 de noviembre de 1985, cuando una avalancha de lodo y escombros descendió del Nevado del Ruiz tras una erupción que derritió parte de sus glaciares. La mezcla de agua, piedras y ceniza avanzó por los ríos, incrementó su volumen y llegó a Armero durante la noche, cubriendo gran parte del pueblo y causando miles de muertes. El área quedó completamente inhabitable y nunca se reconstruyó.
Un recorrido por el antiguo pueblo
Hoy, el Campo Santo conserva las huellas del trazado urbano: calles marcadas, bases de viviendas, restos de estructuras y espacios señalizados por familias que indican dónde estuvieron sus casas o negocios. Al caminar por este territorio abierto, el visitante puede reconocer cómo estaba organizada la antigua población y visualizar la magnitud del evento.
Relatos locales y memoria colectiva
Guías comunitarios acompañan el recorrido y explican, con claridad y respeto, cómo se desarrolló la tragedia y qué significó para los sobrevivientes. Sus relatos incluyen testimonios, datos históricos y la manera en que el municipio fue recordado y gestionado en las décadas siguientes. Este acompañamiento ayuda a contextualizar sin caer en sensacionalismos, resaltando la importancia de la memoria y del aprendizaje frente a los riesgos naturales.
Espacios simbólicos y puntos de interés
En el recorrido se encuentran monumentos, placas conmemorativas y zonas que muestran cómo el paisaje cambió después de la avalancha. Algunos puntos destacan hechos específicos o recuerdan historias de familias que vivieron allí. Estos elementos permiten comprender no solo el pasado, sino también el trabajo que se ha hecho para mantener vivo el recuerdo de Armero.
Un lugar para aprender y reflexionar
El Campo Santo de Armero es un espacio sencillo y accesible, ideal para quienes viajan por el Tolima y desean una experiencia cultural significativa. Más que un sitio de tragedia, es un territorio donde se aprende sobre gestión del riesgo, memoria y resiliencia comunitaria.